Quien puede invertir en la Bolsa de Valores




Y la respuesta es transparente: ¡Todo el Mundo puede hacerlo!

Y aunque te parezca difícil creerlo, esta respuesta no sólo es verdadera, sino también textual.

En realidad la  inmensa mayoría de las personas se ha quedado con el estereotipo  que nos vendió Hollywood:  para invertir en Bolsa hay que tener varios millones de dólares y  recibir el asesoramiento de esos  muchachos de traje y corbata que tienen lujosas oficinas en Wall Street y que, por alguna extraña paradoja del destino, fueron dotados de sabiduría inmanente en cuanto a los mercados respecta.

Pero la verdad, si la realidad se pareció alguna vez en algo a esta imagen ya hace mucho tiempo que todo parecido, como dicen las películas, es pura casualidad.

Todos sabemos del inmenso cambio de paradigma que trajo a la sociedad moderna el desarrollo de la tecnología informática y de comunicaciones.

Los Mercados, como todo lo demás, sufrieron el profundo impacto de la tecnología.

Y este impacto, como en la mayoría de las áreas de la vida moderna, propició una apertura para todos aquellos que estaban excluidos de las oportunidades por una u otra razón.

En cuanto a los mercados, la tecnología informática pulverizó las barreras que separaban francamente a los peces gordos de los peces chicos, permitiendo el surgimiento de un nuevo mercado caracterizado por una igualdad sin precedentes en la historia.

Hoy cualquier persona, no importa la parte del mundo en que resida, ni su raza, profesión o posición financiera, tiene prácticamente las mismas oportunidades de acceder a la información de los mercados, y, además, al mismo tiempo: en tiempo real.
Así pues, ya no existe la “información privilegiada” (que, dicho sea de paso, es un delito federal en EEUU, y se pena con prisión) ni las diferencias de trato con relación al capital disponible.

Cualquier persona puede invertir en la Bolsa de Valores desde cualquier rincon del mundo en donde pueda disponer de una computadora con conexión a Internet.
Las fronteras ya no existen en el Mercado de Valores.

A esto precisamente se refiere la expresión habitual: “El sol nunca se pone sobre el Mercado”.

Un inversor puede invertir en la Bolsa de Nueva York, Londres o Tokyo, y en realidad en casi cualquier otro mercado del mundo, sin importar si reside en Bolivia, en Taiwan o en Egipto.

Además, no necesita hacer costosas llamadas de larga distancia a los muchachos de Wall Street: basta con oprimir un botón en su plataforma de inversión (un botón virtual, de esos que se dibujan a menudo en la pantalla de tu computadora) para comprar o vender cualquier título de inversión.

¿Y sabes cuánto tarda la orden en ejecutarse?

¡Menos de un minuto!

Así pues, los inversores estamos viviendo en una época afortunada.

Pero desgraciadamente no muchas personas conocen las grandes oportunidades que hay allí afuera (¿o es adentro??).
Claro, seguramente estarás pensando: “Está bueno todo esto de la computadora y demás, pero seguro que hay que tener mucha “pasta” para invertir en esas cosas raras…”

Pues, la verdad, todo negocio necesita de un capital inicial, y éste no es la excepción.

Ahora, podría decirte que se puede entrar al mercado con apenas U$S 100, o incluso con U$S 50 como promocionan algunos, pero esto es un verdad a medias. Y las verdades a medias suelen ser peligrosas.

En realidad, si no vas a entrar al mercado como un profesional, te recomiendo enfáticamente que… ¡no entres al mercado!

(Aunque tengas un millón de dólares, no deberías hacerlo. Si lo que quieres es perder tu dinero, te recomiendo que vayas a Las Vegas; al menos disfrutarás de algunos shows y comida gratuita).

Y entrar al mercado como un profesional exige un capital mínimo que permita aplicar estrategias propias de un inversor profesional, como por ejemplo, la diversificación.

Y claro, también está la primera inversión que necesita hacer todo inversor novato para llegar a convertirse en profesional: la inversión en su propia capacitación.

Bueno, entonces ¿cuánto dinero se necesita?
La cantidad depende de muchas variables, tales como el plazo de inversión, el título elegido (acciones, futuros, opciones, etc) y el método de inversión a aplicar, pero en mi experiencia (yo con el método de inversión que enseño) se puede empezar con tan poco como U$S 3000.

Y si puedes estirarte hasta los U$S 5000 te sentirías un poco más holgado.

Claro, quizá para algunas personas esta suma siga siendo bastante alta.

Si ese es tu caso, déjame preguntarte: ¿Qué negocio se puede hacer en tu país con esa suma de dinero?

En el mío escasamente se puede poner un kiosco, y te aseguro que no se puede esperar mucha utilidad de un negocio como ese.
Pero dirás tú: ¿Y el riesgo de la Bolsa?

En realidad todo negocio tiene su riesgo, pero como dice Robert Kiyosaky a través de su “padre rico”:

Invertir no es Riesgoso. Lo que es sumamente riesgoso es no saber lo que se está haciendo”.

Por eso dije antes que la primera inversión debe ser siempre para capacitarse (no sólo para operar en bolsa, sino para cualquier negocio o actividad de la vida).

¿Qué pensaría de una persona que jamás a entrenado y se presenta a un torneo de artes marciales? ¿O de alguien que se sube a un Formula 1 sin haber manejado nunca más que un Fiat 600?

¿Y de una persona sin experiencia en el mundo de los negocios que se pone al frente de una multinacional?
¿¿¿Y de una persona que invierte los ahorros de toda su vida en las acciones de la compañía ABC porque un amigo las compró el año pasado y le fue bien, o porque el analista financiero del Noticiero de las 7 las recomendó enfáticamente???

Claro, hay una palabra que describe cabalmente todas estas situaciones…

¡LOCURA!

Así pues, y aunque le suene muy distinto a lo que está acostumbrado a escuchar, le aseguro que invertir en Bolsa, para quien sabe hacerlo, no es más riesgoso que gerenciar un kiosko o una tienda de ropa (yo pienso en realidad que el kiosco en mucho más riesgoso. Y no sólo eso: ¡muchísimo más complicado!)

En síntesis: vivimos una época de oportunidades excepcionales. Están a nuestro alrededor. Nos persiguen. Nos sobrevuelan. Se arrastran a nuestros pies.

Pero, como en todos los tiempos, sólo las aprovecharán los que se encuentren preparados para hacerlo.


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